Aún me recuerdo la primera vez que me regalaste rosas. Aún recuerdo el primer 14 de febrero que pasé contigo. Aún recuerdo las primeras lágrimas que derramé por ti.
Pero todo fueron recuerdos que se llevó el viento con los pétalos de las rosas que me regalaste.
Ahora es a ella a la que le regalas esas primeras rosas, esos primeros recuerdos, esos primeros besos en el Boulevard.
Ahora yo paseo sola en las lluviosas tardes sin más compañía que la luz de la alta farola
de la calle Central.
Ahora esas rosas son besos para ella, y lágrimas para mí. Ahora esas rosas son sueños para ella, y pesadillas para mí. Ahora esas rosas son deseos para ella, y desesperaciones para mí.
Los pétalos de aquellas rosas son corrientes marinas que se lleva el mar del norte. Los pétalos de aquellas rosas son corrientes de aire que se lleva la brisa de la montaña. Los pétalos de aquellas rosas son gotas de agua que se lleva el agua.
Esos pétalos llegan hasta la última frontera, donde me dijiste que me llevarías. Esos pétalos llegan hasta la estrella más alejada de todas, la que dijiste que me darías. Esos pétalos llegan hasta el fin del mundo, donde me dijiste que me llevarías.
Ahora es a mí a la que toca recoger los pedazos que quedaron de mi destrozado corazón rojo. Rojo como los pétalos de aquellas rosas. Rojo como tus labios. Rojo como los lazos de los primeros regalos que me diste.
Ahora yo recojo los sonidos de vuestras discusiones, y el olor de vuestros besos.
Ya tu materialismo no me importa, pero siempre estará en mí el deseo de volver a tocar esas rosas como hacía antes. De apreciar esas mil rosas. De oler esas mil rosas. De llorar por esas mil rosas.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario